2016

2016
Asumí que renunciar, no es más que escoger, equivocarme es una buena forma de aprender. Que si sigo al corazón no tengo nada que perder, y a cada paso, surge otra oportunidad. Y ahora ya ves, no soy quien fui, aquella triste y temerosa persona de ayer, he renacido para todo, tengo ganas de vivir, ahora guardo mi energía para aquel que crea en mí.. para aquel que con mis escritos viva o reviva, según su condición, que sea mi amigo, y mi compañero siguiéndome en este largo camino, aquí les dejo parte de mi vida.

lunes, 18 de enero de 2016

Es hora de crecer.

A ratos quisiera sufrir de amnesia. O de algo que me haga dejar de preguntarme, una y otra vez, si éste es el camino correcto o si simplemente he fracasado como ser humano y debo replantearme el camino que creí era el correcto recorrer. ¿Acaso es cierto eso de que todo el mundo tiene un llamado en la vida? De ser así, ¿cuál es el mio? Y si el mio es el que he creído por ratos que es, ¿por qué es tan difícil de caminar?
Mi papá tuvo un amigo que fue diagnosticado con alzheimer a pesar de que no tenía. Pero él se creyó el cuento y empezó a olvidar, o creyó/eligió que se le estaba borrando el cassette. Y claro, le dio pie  a mi papá para que se la montara: “ey, tu me debés un dinero. ¿Cuándo es que me vas a pagar?”. El pobre tipo, que era “un man de bien”, no tenía de otra que decirle que claro, que le iba a pagar, a pesar de no tener idea de cuándo le había prestado plata. Pero mi papá, como buen ser humano que es también, cuando veía su profunda incomodidad y confusión, le dejaba clarísimo que sólo lo estaba molestando. Pesado, sí, un poco. Pero es que muchas veces, la comedia surge de la incomodidad.
Este ha sido un año difícil. Me ha traído cosas muy, muy buenas, y le agradezco al universo infinitamente, pues me han hecho muy feliz. Y sobre todo, me ha demostrado que el universo está escuchando, y por más hippie que suene, el universo responde a lo que uno le pide. Pero la felicidad no suple la preocupación, ni mucho menos la seguridad. La dificultad, la incertidumbre y el “constante pedaleo” parecen ser el hilo narrativo de este 2016. Porque si algo no le ha faltado a este año son arcos dramáticos y conflictos que esperan una resolución con un clímax que deje a la audiencia esperando la segunda parte. Yo, que soy parte y audiencia, espero también la segunda parte de esta película. Como cuando Bridget se fue a Tailandia y terminó en la playa en una traba de locos a costa de unos hongos mágicos. Y después en la cárcel. Pero remató con un gran final feliz y un poco heróico. Yo ya me comí los hongos, pasé la traba, espero la sentencia y mi gran final feliz. Pero, ¿será que llegará? Y si llega, ¿cuándo es que se le va a venir en gana de llegar?
A veces creo que si tuviera amnesia sería más fácil vivir, porque eso implicaría que a la fuerza tendría que soltar los lastres del pasado. O tal vez sería más cómodo. No lo sé. ¿Será que Kelly Clarkson tuvo que tener un año tan poposiado como este para poder gritar de esa manera “what doesn’t kill you makes you stronger”? ¿O será cierto eso que dicen tantos “gurús”, que para succeder hay que fracasar dramáticamente? Como Kelly, “I dream in color and do the things I want”. Y le pregunto a Kelly, ¿so what? Yo también dream in color, I’ve done the things I want, y a pesar de que algunas me han funcionado, sigo esperando una resolución, un gran final feliz. Tal vez una respuesta escueta que resulte en un pequeño golpe en la espalda que me hará entender que “todo va a estar bien”.
Mientras escribo esto pienso, “qué difícil es crecer”. Porque también pienso que el momento de ser adulto finalmente llegó (aunque ya soy una vieja), y que nadie -así exista- tiene por qué entrar a mi historia a solucionarlo como lo ha solido hacer. Y con esto se me viene algo a la mente uno de mis recuerdos más vívidos: cuando me vino la regla por primera vez estaba sola. Mis papás estaban de viaje y no tuve otra que reblujar en las gavetas de mi mamá para encontrar lo que tantas veces había visto en comerciales para contener esa “tinta azul”. No tenía -ni quería- llamar a alguien para preguntarle qué se suponía que debía hacer. Lloré sola en el baño, no por no saber qué hacer (porque mi mamá me había explicado mil veces), sino por el hecho de entender que mi infancia se había acabado. Puff. La menarquia me hacían entender que ya no era una niña y debía asumirlo. Le dije a mi mamá meses más tarde en unas vacaciones, pero se lo conté como si hubiera sido la primera vez. Mi mamá le contó a mi papá y él me felicitó porque ya era “una mujer”, sin saber que llevaba cargando ese secreto por meses. Pero lo que él ni mi mamá sabían era que, por vergüenza, o mejor por tristeza o deprivación, me veía obligada a dejar de ser algo que me hacía muy feliz: una simple niña. Eso era lo que quería ser. E intuía lo que implicaba dejar de serlo.
Mi papá me dice que la vida sólo alcanza para un gran problema en la vida. Me pregunto si éste será “mi gran problema” y si lo dice porque tiene una tasa de medición que yo no he logrado entender. Así que me pregunto si los problemas son estos o si debo más bien replantear el concepto de “problema”. No tengo ni idea. Pero sigue siendo cierto que a ratos quisiera sufrir de amnesia o algo similar para poder pasar la página, vivir en el presente, sin depender de un futuro tan incierto como el que veo ahora, para entender que el tiempo pasa sólo para dejarnos lecciones que debemos aplicar en nuestro futuro inmediato, o a ese futuro que quedará como la historia que nuestros nietos narrarán.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si te he dejado algo en tu corazon, escribe algo :D