2016

2016
Asumí que renunciar, no es más que escoger, equivocarme es una buena forma de aprender. Que si sigo al corazón no tengo nada que perder, y a cada paso, surge otra oportunidad. Y ahora ya ves, no soy quien fui, aquella triste y temerosa persona de ayer, he renacido para todo, tengo ganas de vivir, ahora guardo mi energía para aquel que crea en mí.. para aquel que con mis escritos viva o reviva, según su condición, que sea mi amigo, y mi compañero siguiéndome en este largo camino, aquí les dejo parte de mi vida.

domingo, 19 de octubre de 2014

Al olvido


Me siento, borro, escribo, borro. Es un patrón constante, las letras a veces aunque estén bien escritas carecen de significado. Un cigarrillo, la menta turbia, el corazón agitado y las lágrimas a punto de salir. A veces deseo, anhelo, pero sólo se queda en eso, en nimiedades, en palabras que no se dicen y en pensamientos que se esfuman entre sollozos.

Una sonrisa que se desploma entre ideas rotundas que no tienen reversa y un deseo constante de salir volando con las alas bien extendidas. Y yo, sí, esa misma, la que entre lineas se fue consumiendo hasta que se consumió entre las cenizas de las letras, entre lo frívolo y lo irreal. Soy yo, aquella que creó un mundo distinto e irreal. Me pregunto si aún se me reconoce entre lineas, o si pasé a ser parte de un pasado que aunque resultaba a veces hermoso, se tornó frío y calculador. También me pregunto si en realidad me quedé en letras o soy la imagen que alguien pudo crear dentro de su imaginación.

De hecho, me pregunto si sólo soy una fachada, un personaje de esos que la gente crea y manipula a su antojo. ¿Será entonces un juego de roles donde existe un creador con ínfulas de dios que oculta entre la gente y va auscultando la estrategia del juego? Sólo me queda el deseo y los silencios constantes en las sinfonías de pensamientos que día a día se forman no sé si en mi cabeza o si en mi entorno. 

Son las horas y los minutos, son las mañanas de café que solía disfrutar pero que ahora pesan como una roca en la espalda. Son las miradas, esas que antes despertaban ternura pero que ahora se ocultan en un vacío opaco. El sinsabor que desata cada mañana con su rocío se refleja entre las olas constantes de suspiros, de añoranzas, de seres perdidos que no se encuentran ya en ningún punto del camino. Es el final que desata un comienzo pero que se pausó en el punto más negligente y absurdo de los sueños.

Somos aire, somos ceniza, nos dejamos llevar y ya no pertenecemos al mismo camino.

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