2016

2016
Asumí que renunciar, no es más que escoger, equivocarme es una buena forma de aprender. Que si sigo al corazón no tengo nada que perder, y a cada paso, surge otra oportunidad. Y ahora ya ves, no soy quien fui, aquella triste y temerosa persona de ayer, he renacido para todo, tengo ganas de vivir, ahora guardo mi energía para aquel que crea en mí.. para aquel que con mis escritos viva o reviva, según su condición, que sea mi amigo, y mi compañero siguiéndome en este largo camino, aquí les dejo parte de mi vida.

martes, 17 de julio de 2012

Un viejo Clímax


Ya lo había visto en otra ocasión  se viste como esas personas que prefieren la independencia de los felinos a la inútil necesidad de los perros. , sí acerté en pensar que algo de felino debía tener. Llegamos a su habitación  sin haber comprado lo que necesitaba y en un espacio de tiempo tan corto, que ni siquiera me permitió darme cuenta de cómo había el logrado arrancarme la ropa sólo con la mirada. A esas miradas me refiero.
Me considero una mujer apasionada, más voraz unas veces que otras, pero el me dio a entender que bastaba sólo con un gesto suyo para que yo llegara al cénit del éxtasis. Debo confesar que la noche con ese hombre  me hizo recordar que no todos los encuentros apasionados están hechos con el mismo método. Este episodio, que extrañamente no terminó como todos se imaginan, fue motivo de mis mejores sueños eróticos de las semanas posteriores.
El, recuerdo, me tenía doblegada. Y sin tocarme durante varios minutos, que parecieron milenios para mí, hizo que me empezara a acalorar y a acelerar mi respiración. El insistía en que debíamos, y estuvimos deseándonos  por encima de la ropa, en silencio, sin parpadear y sin siquiera demostrar que estábamos a punto de caer en el paradisíaco jardín de las delicias. No puedo describir con exactitud lo que hicimos, pero cada gesto, cada caricia la hacía como si me estuviera conduciendo al último orgasmo de mi existencia. Lo que más recuerdo de esa noche son sus manos: nunca estuvieron al alcance de mis ojos. Creo que sólo las volví a ver cuando,  en la madrugada  de ese memorable viernes, se las pasó por el pelo para ordenárselo un poco. Te quiero mi E.

1 comentario:

  1. Buenísimo.

    Por lo demás, me recordó que alguna vez, el siglo pasado, también hice aquello de no tocarse sino sobre la ropa. Hasta que la ropa se encendió en llamas.

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