2016

2016
Asumí que renunciar, no es más que escoger, equivocarme es una buena forma de aprender. Que si sigo al corazón no tengo nada que perder, y a cada paso, surge otra oportunidad. Y ahora ya ves, no soy quien fui, aquella triste y temerosa persona de ayer, he renacido para todo, tengo ganas de vivir, ahora guardo mi energía para aquel que crea en mí.. para aquel que con mis escritos viva o reviva, según su condición, que sea mi amigo, y mi compañero siguiéndome en este largo camino, aquí les dejo parte de mi vida.

lunes, 16 de julio de 2012

Please, do it right, Please, do it right


La chica de la mesa de atrás  Lo mira y piensa que es demasiado para mí. El camarero nos trae la cuenta y sabe que la pareja no va a funcionar, nos dice "la dejo acá" y deja el ticket en la exacta mitad de la mesa, desafiándonos. Mi mamá me dice que los hombres tienen que pagar la cuenta cuando salen con sus novias, mi papá le ha pagado las cuentas durante toda su vida juntos. No hago ni siquiera el ademán de buscar en mi cartera.
"Qué gracioso!" digo mientras apoyo la cabeza en mi puño derecho cerrado, el codo sobre la mesa. Luzco relajada pero estoy pensando que si me pide el equivalente a mi Coca Cola Light es el fin de la relación. He rechazado hombres por cosas más insignificantes que esta. Toma el ticket, saca su billetera sin dejar de sonreír, pone los pesos correspondientes a su jugo de naranja y a mi Coca Cola Light. Respiro aliviada, intento cambiar de tema.
Hablamos algo sobre los billetes, decimos que en Europa son más chiquititos pero más lindos también. Yo no lo sé porque todavía no salí más allá de Brasil o Uruguay, pero él sabe bien. Él que estudió en un colegio donde le enseñaron a hablar en francés como si fuera su lengua materna. Él sabe bien, porque parece que todo lo sabe bien o por lo menos tiene la sonrisa para distraer cuando no es así. Una sonrisa que solo puede pertenecer al hijo de una ortodoncista. Desde que lo conozco intento no sonreír demasiado, alguien como él acostumbrado a esos dientes, qué pensará de los míos que son solamente normales. Pero es tan lindo. Me cuesta no sonreír.
Nos vamos del bar, caminamos cerca y nuestras manos a veces se rozan. Todavía no es momento de tomarnos las manos, no estamos cerca de eso. Para asegurarme de que no suceda, meto la mano derecha en el bolsillo del jean , la mano izquierda sujeta con tenacidad mi cartera. Pienso que mi mamá va a estar contenta cuando le cuente que él pagó la Coca Cola.

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