2016

2016
Asumí que renunciar, no es más que escoger, equivocarme es una buena forma de aprender. Que si sigo al corazón no tengo nada que perder, y a cada paso, surge otra oportunidad. Y ahora ya ves, no soy quien fui, aquella triste y temerosa persona de ayer, he renacido para todo, tengo ganas de vivir, ahora guardo mi energía para aquel que crea en mí.. para aquel que con mis escritos viva o reviva, según su condición, que sea mi amigo, y mi compañero siguiéndome en este largo camino, aquí les dejo parte de mi vida.

lunes, 18 de abril de 2011

Cuando todo lo que conoces es una mentira


Nuevamente, error ¡parece increíble que esto me este pasando. No es que todavía no salgo del asombro de verdad que ingenua he sabido ser, con que descaro…. Es que no es igual hacer el daño que sentirlo… y en realidad no importa mucho… el tiempo pasa y no se que esperar de el de nuestra historia, de lo que nos dijimos, de los errores perdonados y de loc cometidos del cansancio que ambos ya sentimos, del infierno en que se ha convertido todo esto, de saber que nada es como lo creías. Cual es el propósito de estar juntos entonces?, cual.


No queda libertad ni libertad. Donde diablos quedo todo el amor? Los sueños… donde?, será que alguna ves habrá entendido que todo fue y es culpa de el. Porque el daño todo lo bonito que yo era. Supongo que siempre seré yo la maldita. Aunque las ganas sean de continuar hay mas ganas de salir volando, a otro país, a otro mundo lejos de todo. Lejos de mi pasado. Siempre o en estos años pensé, que era lo mas  importante en su vida que nadie como yo en su corazón en su cama en su vida, y resulto cierto el dicho de que hay verdades absolutas como el decir que soy una estúpida. Nada fue como lo esperaba, mientras me reia me engañaba. Mientras yo le di media vida, compañía, un amor sincero.. puro. Almenos eso creo hoy. Hace algunos días encontré una grabación que dura treinta segundos. Soy yo, internada, llorando y susurrando lastimosamente algunas pocas palabras. Dejé pistas por toda la casa, pistas que gritaban “no estoy bien”, “no me están ayudando” y “pronto no voy a estar”. La grabación es siniestra y de ella se entienden estas pocas frases: “Me quiero morir. No quiero estar más acá. Me quiero ir. Si ya me mataron a mí, ya no estoy más. Ya me fui”. Marco era mi Dios, la persona a quien yo idolatraba. Ya alguna vez hace muchísimos años le escribí una carta diciéndole que él era para mí lo que Dios para los católicos, era una postración continua y eventualmente mortal. Sin embargo, quiso no tener nada que ver con el asunto y desapareció, como suelen hacer los hombres cuando estoy mal: desaparecen. No encontré todavía a alguien con la entereza siquiera para encargarse de la pequeña parte de la torta que le toca. Nadie quiere hacerse cargo de lo que hace nacer en los otros, de lo que engendra y menos si aquello es autodestrucción y varios intentos de suicidio. Se acabó. Se ha acabado (y a decir verdad, aquí empieza la verdadera historia).
Voy a hacer mis esfuerzos más calificados para intentar describir lo que siento en este momento. Una parte de mí, la más caprichosa, piensa que  dejarlo esta bien, porque merezco más atención de parte de un hombre. En cambio, mi parte más racional sabe que lo dejaría por miedo a que él me deje en primer lugar.
        Sí, pienso que necesito algo más de un hombre, pero todo lo que puedo pensar ahora es: “necesito morirme”. Claro, solo fantasías. Es  mi “primera desilusión amorosa”, como dice la gente en general. Yo muy profundamente tenía la convicción de que no era simplemente una nena que dejaba a su primer novio e iba a superarlo en cinco o seis días, ni semanas, ni años… Se que marco  ha marcado mi vida para siempre.
        Antes de conocerlo, era una mujercita gris, pero autosuficiente, feíta y muy bobita. Ahora, cuatro años después soy una versión pervertida de lo que solía ser. Me he convertido en una persona desdeñosa, alguien que no sabe  gratificar a otros, que siempre busca  el placer propio. Merezco placer, merezco dejar de sufrir… y por sobre todas las cosas: no puedo parar de imitarlo.
        Marco  es la persona más egoísta y centrada en sí mismo que conozco, que conocí durante todos estos años. No puede parar de hacer maldades, no puede consigo mismo. Necesita, supongo, escarbar en lo más profundo de las personas en busca de un punto débil. Y va a usar sus tácticas de degeneración en cualquier persona que se le vuelva de pronto una molestia. Te va a pedir que te relajes, que no lo presiones y por último te va a tirar al basural comunitario para que te coman los buitres. “Me niego. Me rehúso a que me coman los buitres, voy a pelear hasta que se muera”. Mentira, siempre digo algo y hago lo opuesto. Dejé que los buitres me comieran y peor que eso: dejé que marco  me siguiera comiendo compulsivamente. Es decir, seguramente tenía algún desorden alimenticio, o necesidad compulsiva de sexo conmigo, no lo sé. Si tengo que rescatar algo de estos cuatro años  juntos es la atracción entre nuestros cuerpos. Nos veíamos y teníamos que tocarnos, hacernos el amor indefinidamente, sin tiempo, sin lugar, sin porqués. Una atracción que jamás desarrollé con otra persona y que sé que él tampoco pudo experimentar. “Tenemos una atracción sexual innegable”- dijo alguna vez. Y era cierto. Yo no lo entendía hasta que empecé a cambiar. En ningún aspecto eran confrontables. Maldito el día en que lo conocí.        Durante los meses de los años pasados en noviembre marco  se mostró reticente a hablarme. No quería escribirme, ni hablarme, ni verme (justo como el email que le había escrito ese 11 y 12ª ella). Eso lo caracterizaba eternamente: su orgullo. Se amaba a sí mismo más que a otros, más que a su perro, a su madre, a mí, a nadie. Se amaba como no había amado a nadie en el mundo y por lo que sé,, sigue piropeándose fervientemente. Y yo simplemente supongo que está bien, es decir, lo de marco recorrió límites insospechados; pero ha de ser divertido amarse a si mismo, como una eterna masturbación. Podría decirse que marco es un pajero.
        Esa devoción permanente hacia sí mismo hace que no haya lugar en sus prioridades ni en su mente ni en sus ganas para otra persona (ni nombro al corazón porque todavía no estoy segura de que posea uno; dato a confirmar). Cuando vivís en un mundo de fantasía y te crees inteligente y emprendedor y por sobre todas las cosas eres un garca, no hay portones ni barreras que te detengan. Marco está convencido que es el hombre más inteligente y mejor dotado de Sudamérica (ya que no tuvo oportunidad todavía de viajar por los siete mares). Y si es hora de sincerarme, marco no es buenmozo. Quizás hasta podría decirse que es un hombre feo (nariz grande, labios carnosos de más, ojos grandes, redondos, cejas pobladas, morocho y en vías de calvicie mortal) y sin embargo su inteligencia te consume, te enamora, te pervierte, te desmorona. Marco es un gran orador, me convenció de cualquier cosa, le creí cualquier cosa y quizás hasta todavía le creo. Me pregunto qué pasará en caso de que lea estas páginas, en caso de que le lleguen comentarios, en caso de no volver a verlo. No, no. Nada de eso. ¿No?
        Sí, pienso que existe la posibilidad de seguir con el , pero es prematuro hablar de eso ahora que faltan tantas anécdotas por contar. Por lo pronto voy a decir algo: mi obsesión mar quística  esta desarrollada.  Si bien marco pretende querer alejarse de mí, continuamos hablando todos los días. A veces con despecho, a veces con congoja por extrañarnos y muchas otras veces solo porque necesitamos tocarnos y sentirnos. Así, terminamos hablando de por qué nos habíamos peleado, de cuáles son las fallas en esa pareja corrupta o teniendo charlas sobre sexo a niveles que play boy hubiera calificado como xxxx. Tanto rogué, tanto lloré, tanto, que finalmente accedió. Nos encontramos me provocó un colapso en el sistema nervioso. Me senté, solemne, en mi cama y me preguntó qué quería hacer. Le dije que teníamos que hablar, entonces fijamente me miro. Una vez sentados en nuestro lugar ese donde hemos compartido de todo encendí mi ipod. Estaba nerviosa, marco no me tocaba, no existía el contacto físico. Los dos estábamos conmovidos por el error.. Entonces le pregunté si quería un poco de mi vida; sorpresivamente me dijo que sí (¡marco siempre asi!)


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